domingo, 7 de abril de 2013

Hablando de dragones y modelos

Tal vez no sea la persona más indicada para hablar de modelos.  Notando de paso el desidioso abandono de este blog y el secreto hecho de que este post ha estado en mi lista de espera durante meses. Dentro de un par de semanas presentaré mi proyecto de tesis de maestría y me embarcaré en un programa de doctorado.  Ni yo me creo que paso a paso me voy convirtiendo en una modeladora.

Nunca pude evitar sentir cierto escalofrío de admiración y pequeñez cuando alguien me decía que trabaja con modelos. Sin embargo, aún en mi corta edad científica he visto de todo y experimentado un tanto por mi cuenta. Con cierto pesar recuerdo que durante las clases de licenciatura los modelos se convirtieron en un trivial sombrero de mago. Unos cuantos datos, un abracadabra, un click en ejecutar, comparar los resultados con los datos y show terminado. Incluso a pesar de recibir cierto entranamiento en el uso de modelos climáticos complejos (JMA GSM TL959), debo confesar que el mundo de los modelos no me quedaba claro y continuaba sintiendo que debía existir algo más.  Todo lo que yo había visto parecía demasiado fácil hasta ese punto, pero los artículos científicos sobre modelos se levantaban de entre lo mundano como dragones mitólogicos.

Si algo he aprendido durante estos dos años es que para apreciar la complejidad de los modelos, y como en todo, hay que empezar desde el principio. El uso de un modelo no basta si no se posee la mínima idea de cómo construir uno.  Sin conocer los alcances y limitaciones de un modelo, los más disparatados resultados pueden llegar a manos de tomadores de decisiones, o medios y a largo plazo debilitan la confianza del público - y alguno que otro científico - en la ciencia de los modelos. Trabajar  con un modelo implica casi casi convertirlo en un socio colaborador con quien discutir iterativamente nuestros proyectos. Se debe aprovechar al máximo sus aptitudes, preguntar, aceptar sus limitaciones, analizar críticamente sus respuestas y preguntar de nuevo.  

Más allá del romanticismo, al enfrentarse al dragón mitológico uno puede terminar devorado por ella.  Triste destino del estudiante consumido en las llamas de ecuaciones sin comprender lo que significan.  Tras un año de lucha a pecho pelado, tuve la suerte de recibir un buen ABC de cómo domesticar a un dragón.  Seguramente, con el tiempo y la costumbre, algunos expertos y nobles caballeros andantes olvidan que generalmente un estudiante empieza sin conocimiento alguno sobre el extraño mundo de los dragones.  Algunos profesores tal vez jamás recibieron el dichoso entrenamiento y lo terminaron venciendo a garras y dientes. Por suerte existen algunos como Wendy GentlemanLeland J. Jackson, Anett S. Trebitz, y Kathryn L. Cottingham  que lo recuerdan muy bien, lecturas recomendadísimas para cualquier joven (de edad y/o espíritu) en esto de los dragones.

En estos dos años aprendí que, por ejemplo, un modelo de un dragón puede ser tan simple como decir: cabeza, tronco y extremidades.  Esta descripción podría bien funcionar como modelo de un ser humano o cualquier otro animal; pero, entre otras cosas, no explica qué hace diferente a un dragón ni cómo el dragón es capaz de tener movimiento. Es un modelo general y estático.  Un mejor modelo podría sustituir las variables de cabeza y tronco por los órganos internos encargados del funcionamiento del cuerpo: cerebro, corazón, pulmones y estómago. Cada uno de estos requerirá de especificár formulas y parámetros apropiados para la vida del dragón.  Por ejemplo, esperaríamos un cerebro básico, pero amplios pulmones por aquellode exhalar fuego, o incluso la formulación explícita de procesos para exhalar fuego. Tenemos que añadir alas, claro está, o decidir si será uno de esos dragones tipo serpiente marina. Requerirá como variables iniciales algo de aire en los pulmones, algún mineral que permita la producción de fuego y un par de ovejitas para mantener su materia orgánica.


Sé que tiendo a ser simplista pero, en lo personal, cuando comprender una clase me cuesta más trabajo que comprender el tema de la clase, tiendo a aburrirme y a tener un desempeño pobre. Si tuviera enfrente a mi yo de la licienciatura le diría francamente que los modelos no son nada de magia pero mucho de mística.  Seguiré hablando de modelos por un tiempo, siempre y cuando cuidar de mis dragones me lo permita.